LA JAIBA LOCA.

Te contaré una anécdota de hace unos casi cuarenta años, yo era apenas una niña de unos diez años…
Bajamos mis hermanos y yo, por agua a un pequeño riachuelo que pasaba cerca de casa, ya teniamos con los cubos llenos, cuando vimos algo esconderce debajo de una piedra, … y ya sabes mis hermanos y yo… (yo que no era mejor, ni peor que ellos) y como todo niño teniamos los ojos en la punta del dedo. Nunca habiamos visto un camarón; pero estabamos seguro que eran muy buenos porque la maestra nos había contado una historia sobre un leñador que cansado de su faena tiro su hacha al rio(su único medio de vida…) y al darse cuenta de lo que había hecho, se sentó a llorar descosolado sobre una piedra por su mala suerte… Entonces un viejo camarón de bigotes blancos se la trajo de regreso de lo más profundo del oscuro charco, y el leñador sorprendido le dio las gracias, y acto seguido le contó todas las penrias que estaba pasando por culpa de su pobreza, y el solicitó camarón le escucho pacientemente, y después le preguntó que era lo que más deseaba… a lo que el leñador respondió _Que puedo desear yo señor, para mi nada, es para mi mujer… y así cada día iba al rio y le pedía algo diferente para su mujer, hasta que su avaricia acabó con todo; pero claro está, ya nosotros conociamos la historia del leñador y su avariciosa esposa Mizcha, por lo tanto no pediriamos muchas cosas, sólo un juguete para cada uno, pero antes tenias que atrapar CAMARÓN, así que nos pusimos manos a la obra. Le hicimos un cerco a la piedra con ramas, y mi hermano mayor metió la mano debajo de la piedra para sacarlo; pero un par de tenazas le trincaron un dedo que casi se lo troza, y del tirón que le dio al supuesto CAMARÓN cayó en la arena fuera del agua, y a decir verdad era un vicho prieto muy feo con muchas patas, y una sola tenaza porque la otra la tenía mi hermado todavía enganchada en el dedo… y para colmo! no tenía ni bigotes el muy condenado.

*El cuento al que hago referencia es El Camarón Encantado de escritor cubano José Martí Pérez y pertenece a la obra La Edad de Oro.

©Hergue Azul.

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