Anne d’Abbadie (1ª parte)

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Anne d’Abbadie. ( Relato # 1)

Era invierno en París y las calles vestían de blanco como novias a la puerta de la Iglesia… y Anne era una estudiante universitaria de Derechos y filosofía en «La Sorbonne» del quinto distrito de la metrópolis parisina. Compartía un pequeño apartamento para estudiante con su ex-novio, y ya la convivencia se les hacia insoportable para ambos… muchas veces Anne regresaba tarde en la noche con tal de no coincidir con su ex-novio en aquella estancia, donde hasta respirar con libertad se le hacía prácticamente imposible.
Anne era una joven de cabellos rubios rizados, ojos azules vivaces y… vamos que tenía la típica belleza de las mujeres de los pueblos del sur de Francia, ésos que no rebasan ni los 2000 habitantes, situando sobre los márgenes del Río Dordoña, dónde ver deslizarse a las perezosas gabarras repletas de turistas era uno más de los placeres cotidianos de los habitantes de aquellos lares…
Su familia era súper tradicional y muy sencilla, les encantaba platicar después de la cena sentados todos juntos frente a la chimenea enmarcada con madera preciosa, a degustar una tasa de té al cobijo de su cálido hogar…
Para Anne la gran metrópolis suponía un reto que le estaba costando muchísimo; porque tenía adaptarse a una vida con muchas luces y glamour, siendo de un pueblo pequeño, y también estaba lo de hacer nuevas amistades; porque hasta el momento había vivido en función de sus estudios, de su ex y las costumbres familiares, así, que ya era tiempo de hacer algo más… y aceptó la invitación de Alex a uno de los club más famosos de las noches parisinas, ni más, ni menos que al Botafar, que aunque no está en el centro de la cuidad, es uno de esos lugares que siempre supera todas las expectativas, que puedes tener de uno lugar, que primera vista parece un barco amarrado en el Sena, su glamour es ¡impresionante ! y los clientes asiduos al club, son para todos los gustos y necesidades…, sí, así, como les digo, lo mismo te encuentras con uno del mundo de la farandola con un ritmo decojonante, que otro, que no entiende un comino de franses; pero ahí están a todo ritmo, dando lo tooo… sin complejo de ningún tipo, y los gires por doquier…con sus cholas a pesar estar congelados como un pingüino en el polo norte… pero ahí, están también.
Ya eran pasada las doce de la noche y Anne y Alex ya tenían unas copas demás; pero aún se mantenían en pie junto a la barra… cuando hizo la entrada con su séquito, un chica alta de ojos negros profundos con un abrigo marrón, y unas botas que eran el último grito de la moda, de ésas que una mataría por tener al menos una copia; pero eso, no fue precisamente lo que llamo la atención de Anne, no, era los ojos de aquella chica a los que no podía dejar de mirar…

© Hergue Azul.

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