OYE BIEN LO QUE TE DIGO

Amor, hoy te digo adiós
sintiendo tener que marcharme
quizás demasiado pronto,
pero no temas, que alivio siento.
Hoy por fin, la vida se agota
con mi último suspiro
y el tiempo, que hacía eterno
cada segundo no vivido
con este dolor sin auxilio.

La siento cada vez más cerca,
sé que ya viene
la noche blanca, la dulce muerte.
Ya se cierne sobre
mis carnes mortales con su gélida
mortaja, para aliviar mi suerte.

Se agota el tiempo, muero.
Mas me siento afortunado,
y bendecido, porque aún puedo
respirar tu dulce aliento,
escuchar tu lamento al oído.

Amor, siento causarte
este dolor que me hiere
tan adentro
como un hierro candente.
Siento forzar tu olvido
cuando no esté ya, para abrazarte,
y de no ser tan cierta
la muerte, búscame en el filo
de tus dientes, cuando
te muerdas los labios fuerte.

Búscame en la palma de tus manos,
búscame en tus pensamientos cifrados.
No me busques en las calles,
entre gente anónima, sin nombre.
ni en los lugares de siempre que exhalan
aromas vulgares, búscame
en las claras alas del viento, a la sombra
de algún verso que te recuerde
mi nombre, hasta que el olvido llegue…

© Hergue A.

Anuncios

LECCIONES DE VIDA

Una luz prendida,
una vida se apaga.

Una sonrisa,
maquilla una lágrima.

Un adiós,
una despedida…

Un quizás,
mantiene viva la esperanza;
mientras
la última nota baila.

© Hergue A.

SIENTO CELOS

Siento celos de la brisa
que juega con tus cabellos,
del sol que te ilumina
del lucero que te guía.
Siento celos…De las prendas
que ajustan tu cuerpo,
como un guante de seda,
de los caminos
que transitas a solas.

Siento celos…
De las manos que a tu paso,
amables te saludan,
de las sonrisas que te miman,
de las miradas… que no son mías.

© Hergue A.

LUNAS NEGRAS

Se me oscureció la vida
aguardando en la espera
de que por fin, un día
no muy lejano,
tú, te dieras cuenta…

De que siempre estuve ahí
detrás de tu puerta, a tu vera,
esperando que tu luz se prendiera,
como un sol para mis quimeras
tras el último rayo de la aurora;
pero nunca fue así…
Como yo quisiera.

Y se me rompieron las ganas,
y las horas, y las noches
se me hicieron eternas,
hasta quedar exhausta
en las horas alta
de mis madrugadas a solas.

Cansada de ti,
y de tu indiferencia vana, asqueada
de la mugrosa espera,
con la esperanza trunca y el alma
rota como una baratela,
cerré detrás mí la puerta
para que jamás,
ni por curiosidad, volvieras.

Desde entonces, han llovido
muchas, muchas primaveras,
unas más hermosas que otras, es cierto,
pero todas distintas
como la flor de la canela.

Han vuelto ha florecer
los nenúfares en mi alberca,
han cambiado,
los penachos grises,
las palmeras,
y en el jardín del patio,
han florecido de nuevo
las blancas azucenas.

Es cierto
que han pasado
muchas, muchas lunas
y que algunas,
me han parecido eternas;
pero jamás, he vuelto a tener
lunas negras
como en tu espera.

© Hergue A.

QUIÉN PUDIERA

Quién pudiera ser frío canto
que en verano, al sol se hiela,
mármol gris de vieja cantera
o cristal vacuo de una vitrina.

Para detener la impronta
que su presencia me provoca.
¡Ay quién pudiera ser frío hielo
ante el ámbar liz de sus ojos !

Si su sola presencia perturba
mi incólume estado de conciencia.
Si mis ojos con ansias lo buscan
en los lugares más insólitos.

¡Ay si no doblegara todas mis fuerzas
para mantenerme distante y ajena,
si no hiciera desaparecer, raudas
mis horas más lentas de angustias…!

Pero quedo impávida a su vera
con la boca abierta, extasiada,
colgada a su tesitura morena,
ingrávida, ante su viril figura.

Y lo miro queriendo comerlo todo,
con la hambruna de un invierno,
con la boca seca, de un sediento…
Con unos ojos que buscan dueño.

Y la miel gotea como silencio
en la comisura de sus labios,
y sus besos, van floreciendo
en las puntas de mis dedos…

©Hergue A.