EXILIUM

Con la mirada en el pasado, vago, por escarpadas simas, con los pies descalzos, sin mimos, sobre la roja herida.

Desando sendero, ya andados, sin una mano amiga, a mi lado, sin esperanzas de coronar la cima, que otros, ya han coronado.

Sigo la misma ruta de un exiliado, con el ego ajado en la mochila, y la sonrisa marchita de un desamparado.

Y lloro, y me llueve encima, reminiscencias de un glosario pasado, lo mismo que a un perro abandonado.

La vida … me apunta, me juzga con su inquisidor dedo, lo mismo que a un condenado, sin nunca, nunca… haberme alzado.

©Hergue A.

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APENAS AYER

Apenas ayer, tú eras, un mozo de cinco decadas,
y yo, una delgada espiga con mirada de poeta.

Una blanca camisa sin manchas, ni etiquetas,
una sonrisa limpia, con aroma de yerbabuena,
una mirada tibia, con el fuego de una hoguera.

Y tú, una hoja de otoño, en mi reciente primavera.
Tú, ya tan hombre, vivido, fornido de experiencias,
y yo… tan niña, con fuego, corriendo por mis venas.

No hicieron falta palabras, ni estrategias complejas,
para tendernos juntos… sobre la húmeda tierra,
para bebernos a sorbos… sin falsas promesas.

©Hergue A.

UN RELICARO DE VERSOS

Podría escribirle un poema completo,
a cada una de las partes de tu cuerpo,
y una estrofa a cada uno de tus besos.

Podría escribir un relicario de versos,
si tuviese el poder de detener el tiempo,
para sentir de nuevo, tu corazón latiendo.

Podría contar cada uno de los recuerdos,
vividos juntos… amandonos con deseos,
serían tantos! como estrellas tiene el cielo.

Podría… podría seguir escribiendo versos,
como cuentas… y misterios, tiene un rosario,
si con ello, Dios a la vida, te trajera de regreso.

©Hergue A.

COMO MIS VERSOS

En los pliegues de la noche, te busco
en lo más profundo de su oscuro sepulcro.
Las estrellas extraviadas, buscan mis ojos
agitan sus alas, y vuelan, a otros mundos.

Y yo muda cerrada en mi silencio, pienso
que no hay otros ojos, mas que los tuyos
que no hay otros labios, mas que los tuyos
que no hay otros brazos, mas que los tuyos.

Y de a poco muero, como selvático fiero
bajo el frío fierro de un cazador experto
como la escasa lumbre de estos versos.

© Hergue A.

DESCALZA

Anoche te vi, caminar descalza
sin paragua, bajo la lluvia helada
con la mirada perdida, preñada
de efimeras, y vagas nostalgias.

Sin nada que ofrecer, sin nada
mas que tu inmaculada alma.
Bajo la lluvia helada, caminabas
empapada de oscuras lágrimas.

Con la piel maltrecha, rasgada
con tu falda blanca ultrajada
sin piedad, por manos profanas.

Caminabas sola sobre la nada
buscando, un pensamiento feliz
para sobrevivir, sin ti, mañana.

© Hergue A.

LA JAIBA LOCA.

Te contaré una anécdota de hace unos casi cuarenta años, yo era apenas una niña de unos diez años…
Bajamos mis hermanos y yo, por agua a un pequeño riachuelo que pasaba cerca de casa, ya teniamos con los cubos llenos, cuando vimos algo esconderce debajo de una piedra, … y ya sabes mis hermanos y yo… (yo que no era mejor, ni peor que ellos) y como todo niño teniamos los ojos en la punta del dedo. Nunca habiamos visto un camarón; pero estabamos seguro que eran muy buenos porque la maestra nos había contado una historia sobre un leñador que cansado de su faena tiro su hacha al rio(su único medio de vida…) y al darse cuenta de lo que había hecho, se sentó a llorar descosolado sobre una piedra por su mala suerte… Entonces un viejo camarón de bigotes blancos se la trajo de regreso de lo más profundo del oscuro charco, y el leñador sorprendido le dio las gracias, y acto seguido le contó todas las penrias que estaba pasando por culpa de su pobreza, y el solicitó camarón le escucho pacientemente, y después le preguntó que era lo que más deseaba… a lo que el leñador respondió _Que puedo desear yo señor, para mi nada, es para mi mujer… y así cada día iba al rio y le pedía algo diferente para su mujer, hasta que su avaricia acabó con todo; pero claro está, ya nosotros conociamos la historia del leñador y su avariciosa esposa Mizcha, por lo tanto no pediriamos muchas cosas, sólo un juguete para cada uno, pero antes tenias que atrapar CAMARÓN, así que nos pusimos manos a la obra. Le hicimos un cerco a la piedra con ramas, y mi hermano mayor metió la mano debajo de la piedra para sacarlo; pero un par de tenazas le trincaron un dedo que casi se lo troza, y del tirón que le dio al supuesto CAMARÓN cayó en la arena fuera del agua, y a decir verdad era un vicho prieto muy feo con muchas patas, y una sola tenaza porque la otra la tenía mi hermado todavía enganchada en el dedo… y para colmo! no tenía ni bigotes el muy condenado.

*El cuento al que hago referencia es El Camarón Encantado de escritor cubano José Martí Pérez y pertenece a la obra La Edad de Oro.

©Hergue Azul.