DIOSA MORENA.

 

Mujer de ocaso
que al sol contemplas
en su rojinegra urna.
Mujer de aureola morena
y torneadas piernas.
Mujer de bravías tierras
que desecha entre caricias
febril te contoneas…
Musa sedienta,
hasta los tonos ocres… de la tierra 
beben de ti… Diosa Morena.

©Hergue Azul.

 

Anuncios

MI ERROR MÁS ACERTADO.

Hoy…cuando me llegan
ciertas reminiscencias del pasado, pienso,
que tal vez tú, fuiste mi error más acertado
porque contigo fuí todo lo que soy,
con sólo sentir el aliento de tu voz.
Viví mi gemir plena de vos,
sin renunciar a mi libre albedrío.
Me inundé de pasión sin prescindir de vos.
Floté entre pompas de jabón.
Aletargué sin condición cada orgasmo.
Caminé por los Campos Elíseos de tu mano.
Viví cada verso aferrada a tu cuerpo
como un poema perfecto.
Me entregué a tus manos, a tu falo,
al baile de tu vientre cálido,
al deseo de la carne, al fuego de tu antojo.
Bebí el vino de los locos
si pudor alguno
para soltar mis lobos.
Desandé los caminos,
desdibuje todos mis silencios,
desterré la nostalgia a otros mundos,
cabalgué sobre el crepúsculo,
profané viejas tumbas.
Disfruté la demencia de tus lunas,
me entregué plena
sin presunción de inocencia,
en cuerpo y alma.
Disfruté como nunca del temblor de las piernas,
del sabor de tus mieles;
y del placer ardiente de la carne.

©Hergue Azul.

RIO CON EL PELO SUELTO.

Hoy la soledad
camina conmigo
descosiendo versos por la vida,
quemando quimeras
a la vuelta de la esquina.
Nos sentamos juntas a la mesa,
compartimos la misma almohada.
Está tan arraigada a mi existencia
que hasta la llamo amiga, compañera, hermana…
nos conocimos en mayo
cuando la primavera moría en otoño
y nacieron tardías las rosas
en el incipiente invierno.
Caminábamos juntos
tomados de la mano,
cuando -paso Malú –
con su pelo largo,
falda corta y tacón alto…
sus ojos voltearon,
se quedaron en blanco,
y brotó una risa pícara de sus labios
ante sus gráciles encantos.
Le solté la mano,
y desde entonces… no he vuelto a verlo;
por eso, hoy me rio con el pelo suelto,
sí, me rio, pero no los consiento.

©Hergue Azul.

EL RUIDITO…

Aline estaba sola aquella noche, su esposo… bueno no sé, que pasó con su esposo a fin de cuenta sólo somos vecinas, y su marido no me pone mucho… Ella estuvo arreglando los muebles hasta tarde en la noche con la música alta, tan alta que ni escuchó el timbre cuando le fui a pedir que bajara un poco. En fin como a las dos de la madrugada dejo de arrastrar los armarios, y yo, ya tenía bastante sueño, así que me acosté en la habitación de Fatima, que es la más fresquita de la casa, ya ustedes el calor que hace en julio en las islas; pero no hice más que poner la cabeza en la almohada, y comenzó un ruidito que hacia vibrar la cama, y me fuí encogiendo en la cama y,  ya estaba que cabía en una caja de fósforos, y un escalofrío me recorría la medula de cabo a rabo … Tenía los pelos de punta, y el ruidito ahí, hasta que no pude más, y casi le tumbo la puerta a mi vecina… Por suerte ya su marido estaba; pero puso cara de pocos amigos, al ver una gorda en bragas queriendo tumbar su puerta a tres de la madrugada, me dio lo que pudo para taparme( la verdad no mucho) y como pude en temblores le conté lo del ruidito, y cogio un palo para enfrentar el enemigo… y zas levanto el colchón de un tirón… y ahí estaba el dichoso consolador que di por perdido hace más de un año… lo demás mejor ni se lo cuento.

Hergue Azul.

CAMINO.

Camino
sobre el amor derramado
a sabiendas…
Descalza
sobre mis grietas
con mi equipaje de dudas
a cuesta,
buscando un hombro
para reposar la cabeza,
un lugar
donde drenar las penas,
un atisbo de luz
en la noche perpetua,
una mirada tibia
que me contenga
para no caer
en la soledad ciega…
Mas mis pasos me llevan
ante la mirada pétrea
de la indiferencia,
y a esa…
a esa esquina de la vida
donde el tiempo pasa
sin respuestas.

©Hergue Azul.

 

 

ENTRE EL AMOR Y EL ODIO.

 

Entre el amor y el odio vago recolectando mis pedazos.
Mantengo vivo mi amor propio con el aliento de unos versos vanos.
Mi cabeza gira llena de recuerdos nefastos.
Mi vida es un infierno con un silencio estrepitoso.
Negros mis ojos inyectados de odio.



Llevo los labios secos repletos de antojos.
Crispadas las manos apretando mi enojo.
Rechinan mis dientes masticando odio como cristales rotos.


Voy pisando fuerte pa no tocar fondo.
Abrazo lo incierto para mantener vivos mis sentimientos puros.
Alimento mi ego con insulsos versos plagados de odio.
Sonrió con los dientes apretados para no lastimar a otros.



Pinto de azul el fondo del pozo donde me hundo.
Nado de blanco en el lodo.
Sufro en en silencio vestida de rojo.
Mimo en mis brazos su odio queriendo salvarlo
y siempre mi esfuerzo es vano…
Dime Diosito qué hago… si a pesar de todo lo amo.

© Hergue Azul.