PEQUEÑA FLOR

Sé que siempre estás ahí
como el aire que respiro
en cada grieta de mi piel.

Que mueres cada tarde
cuando el sol se va,
y renaces cada mañana
cuando la luna se apaga.

© Hergue A.

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INVISIBLE

Pierdo el suelo bajo mis pies,
cuando ensimismado en tus pensamientos
pasas, ausente de todo,ausente de mi,
y un frío desaliento se apodera de mi.

Palidece la luz del sol
como en un día de lluvia.
Las flores se marchitan
a la vuelta de la esquina,
y siento fenecer la vida
como una casa alta sin ventanas,
a la que nadie, ni por cortesía mira.

Me siento
como un ave prisionera
con ansías de libertad,
como un libro viejo
en lo alto de un armario,
como un montón de folios
apolillados de polvo,
sin ser leídos… a voluntad.

Y siento fenecer la vida
¡ y mi esencia! de mujer madura
cuando tú pasas… y no me miras.

© Hergue A.

CRÉEME

Créeme…
Que en las mañanas
cuando tu aroma; aún se desvela,
nítido entre mis sábanas,
cual fragancia sutil
de Aguas Bravas, pienso en ti,
y en tu alma, trasparente y clara
como lucero aquel
que al cielo engalana.

Porque sé que tú,
desde la distancia,
a mí vida siempre
con tu luz irradias,
y mi alma, se vuelve
tersa y diáfana
cuando tú la alcanzas…
Y se regocija y canta
con tu onírica alabanza.

Pero sé, que con la noche,
me llegará la añoranza y estarán
frías y calladas mis sábanas, preñadas
de ausencia anunciada.

Y la soledad,
cerrará todas mis ventanas;
pero yo…
evocaré tus manos
acariciando mi espalda,
y tus besos…
callando mi garganta,
para desterrar
esta soledad macabra.

Porque sé, que tú,
también me extrañas,
y que estarán, frías y solas
también tus sábanas.
Y tus manos…
tus manos dormidas
me buscaran como locas
en tu cama.

Créeme…
que mis noches
también hacen agua,
cuando tú me faltas,
y que no hay,
agonía más lenta, ni más larga,
que una noche…
sin tu compaña.

© Hergue A.

DICEN

Dicen que cuando la tarde
agónica muere,
perfumada de rosas
y blancos jazmines,
la noche despierta
ávida de vivos placeres,
recamada de perlas
y orlas celestiales…

Y cuando sin prisa,
sosegada y pálida muere,
entre espigas de soles
y verdes vergeles…
Es porque en su jaca lleva,
sentada la muerte,
vestida de blanco, con refajo
negros de flores.

Los que le conocen de cerca,
dicen que lleva
el cabello revuelto,
entre rizos nobles
a merced del viento…
Y que el viento,
le silva y le canta,
para no despertar
su afilada guadaña…
Sus gélidos sentires.

Dicen que en las noches
cuando las sombras la cubren,
le rinde culto al silencio,
navegando
entre sus sagrados recuerdos,
que un día fueron
testigos mudos,
de sus mozos tiempos.

Dicen la gente
que toda lo sabe
y que todo lo ve…
Qué viven juntas
en un oscuro jardín,
donde los cuervos cantan
sacras canciones,
acompañados
por un viejo violín,
a la gente
que aún vive,
a la muerte…
y a la noche sinfín…

© Hergue A.

SU AMOR AUSENTE

Cuando la fría noche se derrama
como tinta leve, entre los versos,
yo te sueño, con los ojos abiertos,
en la oscura oquedad del silencio.

Y cuando la ciudad duerme, sin desvelo,
yo te sueño… con los labios sedientos,
repletos de anhelos, y el corazón henchido
de sentimientos puros, por los que muero,
y te veo, en cada lucero… del firmamento.

Y cuando la noche despierta, con el alba,
un alma en pena, sola, por las calles vaga,
ausente y triste… Cabizbaja, entre la gente,
esperando que vuelva, su amor ausente.

© Hergue A.